Hace ocho años hicimos un sitio que pesaba sesenta y tres veces más que el de hoy. No lo medimos. El campo existía. Nosotros no estábamos en él.
En junio de 2025, el Website Carbon Calculator midió circostudio.com — el sitio que mantuvimos durante casi ocho años sin tocar — y emitió un rating F. 3.16 gramos de CO₂ por visita, peor que el 94% de los sitios medidos globalmente. La energía del hosting era renovable. El problema no estaba ahí.
En 2026, después de rehacer el sitio desde cero con criterio explícito de eficiencia, el mismo calculador midió circostudio.io. Rating A+. 0.05 gramos por visita. Mejor que el 95%. Mismo dominio raíz. Mismo hosting renovable. Sesenta y tres veces menos CO₂ por visita. La diferencia es íntegramente arquitectónica.
Cuando construimos el sitio anterior, en 2017, no estudiamos sustentabilidad digital. No era parte del oficio que practicábamos. El campo ya existía: la metodología Sustainable Web Design publicaba versiones desde 2013, Wholegrain Digital había abierto el calculador público al poco tiempo, The Green Web Foundation venía construyendo su directorio de hosting renovable. Nada de eso entró en nuestras decisiones técnicas.
No es que pensáramos que no importaba. No lo pensábamos. La indiferencia activa es una postura — uno mira el problema y lo descarta. La ignorancia estructural es otra cosa: es no saber que hay algo que pensar. Y eso es lo que nos pasó durante ocho años.
El conocimiento técnico estaba disponible. Lo que faltaba era circulación dentro del sector profesional. La sustentabilidad digital no aparecía en los pliegos de licitación, no figuraba entre los criterios de aceptación de los entregables, no se enseñaba en las carreras de ingeniería en sistemas, no era parte de las propuestas comerciales de las consultoras vecinas. En la práctica concreta de hacer software para empresas, el peso de una página corporativa no era un parámetro que alguien vigilara.
Esto no exime. Lo explica. Y nombrar la explicación importa para no repetir el patrón con la próxima omisión que el sector todavía no descubrió.
Lo que cambió no fue tecnológico. La tecnología para hacer sitios livianos existía en 2017. Lo que cambió fue el criterio: empezar cualquier decisión técnica preguntándose qué consume y para qué.
El sitio actual pesa sesenta y tres veces menos que el anterior porque tomamos decisiones explícitas en cada capa: HTML plano, sin frameworks, sin librerías de terceros, sin imágenes salvo cuando son indispensables, sin trackers, fuentes con subset latin estricto, animaciones que respetan reduced-motion. Cada una de esas decisiones está documentada en el informe técnico de sustentabilidad. Ninguna es heroica. Todas son mundanas. Lo único que pesó — porque tuvimos que decidirlo nosotros sin que nadie lo pidiera — fue declarar que importaban.
Una consultora que se rehace en silencio aprende sola. Una consultora que se rehace en público le da material a otras para que se rehagan también. Si publicar este dato — incluido el dato de nuestra ignorancia anterior — sirve para que un equipo de TI se haga la pregunta básica por el peso de su sitio corporativo, ya valió.
No estamos diciendo que ahora sabemos todo. Estamos diciendo que aprendimos esto, que la próxima ignorancia — la que todavía no descubrimos — también va a aparecer en algún momento, y que cuando aparezca, también la vamos a publicar. La autocrítica solo importa cuando deja de ser interna.